Mateo 26 - Biblia de Jerusalén Primera Edición (1976)

Libro de Mateo
Capitulos:

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1 - Y sucedió que, cuando acabó Jesús todos estos discursos, dijo a sus discípulos:

2 - «Ya sabéis que dentro de dos días es la Pascua; y el Hijo del hombre va a ser entregado para ser crucificado.»

3 - Entonces los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron en el palacio del Sumo Sacerdote, llamado Caifás;

4 - y resolvieron prender a Jesús con engaño y darle muerte.

5 - Decían sin embargo: «Durante la fiesta no, para que no haya alboroto en el pueblo.»

6 - Hallándose Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso,

7 - se acercó a él una mujer que traía un frasco de alabastro, con perfume muy caro, y lo derramó sobre su cabeza mientras estaba a la mesa.

8 - Al ver esto los discípulos se indignaron y dijeron: «¿Para qué este despilfarro?

9 - Se podía haber vendido a buen precio y habérselo dado a los pobres.»

10 - Mas Jesús, dándose cuenta, les dijo: «¿Por qué molestáis a esta mujer? Pues una “obra buena” ha hecho conmigo.

11 - Porque pobres tendréis siempre con vosotros, pero a mí no me tendréis siempre.

12 - Y al derramar ella este ungüento sobre mi cuerpo, en vista de mi sepultura lo ha hecho.

13 - Yo os aseguro: dondequiera que se proclame esta Buena Nueva, en el mundo entero, se hablará también de lo que ésta ha hecho para memoria suya.»

14 - Entonces uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue donde los sumos sacerdotes,

15 - y les dijo: «¿Qué queréis darme, y yo os lo entregaré?» Ellos le asignaron treinta monedas de plata.

16 - Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregarle.

17 - El primer día de los Azimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: «¿Dónde quieres que te hagamos los preparativos para comer el cordero de Pascua?»

18 - El les dijo: «Id a la ciudad, a casa de fulano, y decidle: “El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa voy a celebrar la Pascua con mis discípulos.”»

19 - Los discípulos hicieron lo que Jesús les había mandado, y prepararon la Pascua.

20 - Al atardecer, se puso a la mesa con los Doce.

21 - Y mientras comían, dijo: «Yo os aseguro que uno de vosotros me entregará.»

22 - Muy entristecidos, se pusieron a decirle uno por uno: «¿Acaso soy yo, Señor?»

23 - El respondió: «El que ha mojado conmigo la mano en el plato, ése me entregará.

24 - El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!»

25 - Entonces preguntó Judas, el que iba a entregarle: «¿Soy yo acaso, Rabbí?» Dícele: «Sí, tú lo has dicho.»

26 - Mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: «Tomad, comed, éste es mi cuerpo.»

27 - Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: «Bebed de ella todos,

28 - porque ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para perdón de los pecados.

29 - Y os digo que desde ahora no beberé de este producto de la vid hasta el día aquel en que lo beba con vosotros, nuevo, en el Reino de mi Padre.»

30 - Y cantados los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos.

31 - Entonces les dice Jesús: «Todos vosotros vais a escandalizaros de mí esta noche, porque está escrito: = Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño =.

32 - Mas después de mi resurrección, iré delante de vosotros a Galilea.»

33 - Pedro intervino y le dijo: «Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré.»

34 - Jesús le dijo: «Yo te aseguro: esta misma noche, antes que el gallo cante, me habrás negado tres veces.»

35 - Dícele Pedro: «Aunque tenga que morir contigo, yo no te negaré.» Y lo mismo dijeron también todos los discípulos.

36 - Entonces va Jesús con ellos a una propiedad llamada Getsemaní, y dice a los discípulos: «Sentaos aquí, mientras voy allá a orar.»

37 - Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y angustia.

38 - Entonces les dice: «Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad conmigo.»

39 - Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra, y suplicaba así: «Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú.»

40 - Viene entonces donde los discípulos y los encuentra dormidos; y dice a Pedro: «¿Conque no habéis podido velar una hora conmigo?

41 - Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil.»

42 - Y alejándose de nuevo, por segunda vez oró así: «Padre mío, si esta copa no puede pasar sin que yo la beba, hágase tu voluntad.»

43 - Volvió otra vez y los encontró dormidos, pues sus ojos estaban cargados.

44 - Los dejó y se fue a orar por tercera vez, repitiendo las mismas palabras.

45 - Viene entonces donde los discípulos y les dice: «Ahora ya podéis dormir y descansar. Mirad, ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de pecadores.

46 - ¡Levantaos!, ¡vámonos! Mirad que el que me va a entregar está cerca.»

47 - Todavía estaba hablando, cuando llegó Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo numeroso con espadas y palos, de parte de los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo.

48 - El que le iba a entregar les había dado esta señal: «Aquel a quien yo dé un beso, ése es; prendedle.»

49 - Y al instante se acercó a Jesús y le dijo: «¡Salve, Rabbí!», y le dio un beso.

50 - Jesús le dijo: «Amigo, ¡a lo que estás aquí!» Entonces aquéllos se acercaron, echaron mano a Jesús y le prendieron.

51 - En esto, uno de los que estaban con Jesús echó mano a su espada, la sacó e, hiriendo al siervo del Sumo Sacerdote, le llevó la oreja.

52 - Dícele entonces Jesús: «Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que empuñen espada, a espada perecerán.

53 - ¿O piensas que no puedo yo rogar a mi Padre, que pondría al punto a mi disposición más de doce legiones de ángeles?

54 - Mas, ¿cómo se cumplirían las Escrituras de que así debe suceder?»

55 - En aquel momento dijo Jesús a la gente: «¿Como contra un salteador habéis salido a prenderme con espadas y palos? Todos los días me sentaba en el Templo para enseñar, y no me detuvisteis.

56 - Pero todo esto ha sucedido para que se cumplan las Escrituras de los profetas.» Entonces los discípulos le abandonaron todos y huyeron.

57 - Los que prendieron a Jesús le llevaron ante el Sumo Sacerdote Caifás, donde se habían reunido los escribas y los ancianos.

58 - Pedro le iba siguiendo de lejos hasta el palacio del Sumo Sacerdote; y, entrando dentro, se sentó con los criados para ver el final.

59 - Los sumos sacerdotes y el Sanedrín entero andaban buscando un falso testimonio contra Jesús con ánimo de darle muerte,

60 - y no lo encontraron, a pesar de que se presentaron muchos falsos testigos. Al fin se presentaron dos,

61 - que dijeron: «Este dijo: Yo puedo destruir el Santuario de Dios, y en tres días edificarlo.»

62 - Entonces, se levantó el Sumo Sacerdote y le dijo: «¿No respondes nada? ¿Qué es lo que éstos atestiguan contra ti?»

63 - Pero Jesús seguía callado. El Sumo Sacerdote le dijo: «Yo te conjuro por Dios vivo que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios.»

64 - Dícele Jesús: «Sí, tú lo has dicho. Y yo os declaro que a partir de ahora veréis = al hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del cielo.» =

65 - Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestidos y dijo: «¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia.

66 - ¿Qué os parece?» Respondieron ellos diciendo: «Es reo de muerte.»

67 - Entonces se pusieron a escupirle en la cara y a abofetearle; y otros a golpearle,

68 - diciendo: «Adivínanos, Cristo. ¿Quién es el que te ha pegado?»

69 - Pedro, entretanto, estaba sentado fuera en el patio; y una criada se acercó a él y le dijo: «También tú estabas con Jesús el Galileo.»

70 - Pero él lo negó delante de todos: «No sé qué dices.»

71 - Cuando salía al portal, le vio otra criada y dijo a los que estaban allí: «Este estaba con Jesús el Nazoreo.»

72 - Y de nuevo lo negó con juramento: «¡Yo no conozco a ese hombre!»

73 - Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro: «¡Ciertamente, tú también eres de ellos, pues además tu misma habla te descubre!»

74 - Entonces él se puso a echar imprecaciones y a jurar: «¡Yo no conozco a ese hombre!» Inmediatamente cantó un gallo.

75 - Y Pedro se acordó de aquello que le había dicho Jesús: «Antes que el gallo cante, me habrás negado tres veces.» Y, saliendo fuera, rompió a llorar amargamente.