Romanos 2:4 - Biblia Al Dia

Libro de Romanos
Capitulos:

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1 - Por tanto, no tienes excusa tú, quienquiera que seas, cuando juzgas a los demás, pues al juzgar a otros te condenas a ti mismo, ya que practicas las mismas cosas.

2 - Ahora bien, sabemos que el juicio de Dios contra los que practican tales cosas se basa en la verdad.

3 - ¿Piensas entonces que vas a escapar del juicio de Dios, tú que juzgas a otros y sin embargo haces lo mismo que ellos?

4 - ¿No ves que desprecias las riquezas de la bondad de Dios, de su tolerancia y de su paciencia, al no reconocer que su bondad quiere llevarte al arrepentimiento?

5 - Pero por tu obstinación y por tu corazón empedernido sigues acumulando castigo contra ti mismo para el día de la ira, cuando Dios revelará su justo juicio.

6 - Porque Dios «pagará a cada uno según lo que merezcan sus obras».

7 - Él dará vida eterna a los que, perseverando en las buenas obras, buscan gloria, honor e inmortalidad.

8 - Pero los que por egoísmo rechazan la verdad para aferrarse a la maldad, recibirán el gran castigo de Dios.

9 - Habrá sufrimiento y angustia para todos los que hacen el mal, los judíos primeramente, y también los gentiles;

10 - pero gloria, honor y paz para todos los que hacen el bien, los judíos primeramente, y también los gentiles.

11 - Porque Dios no tiene favoritismos.

12 - Todos los que han pecado sin conocer la ley, también perecerán sin la ley; y todos los que han pecado conociendo la ley, por la ley serán juzgados.

13 - Porque Dios no considera justos a los que oyen la ley sino a los que la cumplen.

14 - De hecho, cuando los gentiles, que no tienen la ley, cumplen por naturaleza lo que la ley exige, ellos son ley para sí mismos, aunque no tengan la ley.

15 - Éstos muestran que llevan escrito en el corazón lo que la ley exige, como lo atestigua su conciencia, pues sus propios pensamientos algunas veces los acusan y otras veces los excusan.

16 - Así sucederá el día en que, por medio de Jesucristo, Dios juzgará los secretos de toda persona, como lo declara mi evangelio.

17 - Ahora bien, tú que llevas el nombre de judío; que dependes de la ley y te jactas de tu relación con Dios;

18 - que conoces su voluntad y sabes discernir lo que es mejor porque eres instruido por la ley;

19 - que estás convencido de ser guía de los ciegos y luz de los que están en la oscuridad,

20 - instructor de los ignorantes, maestro de los sencillos, pues tienes en la ley la esencia misma del conocimiento y de la verdad;

21 - en fin, tú que enseñas a otros, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas contra el robo, ¿robas?

22 - Tú que dices que no se debe cometer adulterio, ¿adulteras? Tú que aborreces a los ídolos, ¿robas de sus templos?

23 - Tú que te jactas de la ley, ¿deshonras a Dios quebrantando la ley?

24 - Así está escrito: «Por vuestra causa se blasfema el nombre de Dios entre los gentiles.»

25 - La circuncisión tiene valor si observas la ley; pero si la quebrantas, vienes a ser como un incircunciso.

26 - Por lo tanto, si los gentiles cumplen los requisitos de la ley, ¿no se les considerará como si estuvieran circuncidados?

27 - El que no está físicamente circuncidado, pero obedece la ley, te condenará a ti que, a pesar de tener el mandamiento escrito y la circuncisión, quebrantas la ley.

28 - Lo exterior no hace a nadie judío, ni consiste la circuncisión en una señal en el cuerpo.

29 - El verdadero judío lo es interiormente; y la circuncisión es la del corazón, la que realiza el Espíritu, no el mandamiento escrito. Al que es judío así, lo alaba Dios y no la gente.