Hebreos 4:6 - La Biblia Versión Internacional (1984)

Libro de Hebreos
Capitulos:

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1 - Cuidémonos, por tanto, no sea que, aunque la promesa de entrar en su reposo sigue vigente, alguno de ustedes parezca quedarse atrás.

2 - Porque a nosotros, lo mismo que a ellos, se nos ha anunciado la buena noticia; pero el mensaje que escucharon no les sirvió de nada, porque no se unieron en la fe a* los que habían prestado atención a ese mensaje.

3 - En tal reposo entramos los que somos creyentes, conforme Dios ha dicho: "Así que, en mi enojo, juré: 'Jamás entrarán en mi reposo.' "* mundo,

4 - pues en algún lugar se ha dicho así del séptimo día: "Y en el séptimo día reposó Dios de todas sus obras."*

5 - Y en el pasaje citado también dice: "Jamás entrarán en mi reposo."

6 - Sin embargo, todavía falta que algunos entren en ese reposo, y los primeros a quienes se les anunció la buena noticia no entraron por causa de su desobediencia.

7 - Por eso, Dios volvió a fijar un día, que es "hoy", cuando mucho después declaró por medio de David lo que ya se ha mencionado: "Si ustedes oyen hoy su voz, no endurezcan el corazón."*

8 - Si Josué les hubiera dado el reposo, Dios no habría hablado posteriormente de otro día.

9 - Por consiguiente, queda todavía un reposo especial* para el pueblo de Dios;

10 - porque el que entra en el reposo de Dios descansa también de sus obras, así como Dios descansó de las suyas.

11 - Esforcémonos, pues, por entrar en ese reposo, para que nadie caiga al seguir aquel ejemplo de desobediencia.

12 - Ciertamente, la palabra de Dios es viva y poderosa, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos,* y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón.

13 - Ninguna cosa creada escapa a la vista de Dios. Todo está al descubierto, expuesto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas.

14 - Por lo tanto, ya que en Jesús, el Hijo de Dios, tenemos un gran sumo sacerdote que ha atravesado los cielos, aferrémonos a la fe que profesamos.

15 - Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado.

16 - Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos.