Eclesiastes 8:2 - Nueva Reina Valera 1990 (Adventista)

Libro de Eclesiastes
Capitulos:

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1 - ¿Quién como el sabio? ¿Quién como el que sabe la declaración de las cosas? La sabiduría del hombre ilumina su rostro, y cambia la tosquedad de su semblante.*

2 - Guarda el mandamiento del rey por causa de tu juramento a Dios.*

3 - No te apresures a irte de su presencia, ni en cosa mala persistas; porque él puede hacer lo que quiera.

4 - Pues la palabra del rey tiene autoridad, ¿y quién le dirá: Qué haces?

5 - El que guarda el Mandamiento no experimentará mal. El corazón del sabio discierne el tiempo y el juicio.

6 - Porque para todo lo que quieras hay tiempo y un juicio, por cuanto es grande el mal que pesa sobre el hombre.

7 - Porque no sabe lo que ha de suceder; y, ¿quién le enseñará cuándo haya de ser?

8 - Nadie tiene poder sobre el aliento para retenerlo, ni poder sobre el día de la muerte. No valen armas en esta guerra, ni la impiedad librará al que la practica.

9 - Todo esto he visto, y he puesto mi corazón en todo lo que se hace debajo del sol. Hay tiempo en que el hombre se enseñorea del hombre para su propio mal.

10 - Vi también a impíos sepultados con honra, y a los que frecuentaban el lugar santo olvidados en la ciudad donde habían actuado con rectitud. Esto también es vanidad.

11 - Cuando la sentencia sobre un crimen no se ejecuta en seguida, el corazón de los hombres se llena para hacer el mal.*

12 - Pero aunque el pecador haga mal cien veces, y prolongue sus días; sé que al que venera a Dios le irá bien, porque lo reverencia.*

13 - Y al impío no le irá bien, ni le serán prolongados los días, que son como sombra; por cuanto no respeta la presencia de Dios.*

14 - Hay otra vanidad sobre la tierra. Hay justos a quienes sucede como si hicieran obras impías, e impíos a quienes acontece como si hicieran obras justas. Esto también es vanidad.

15 - Por eso alabé la alegría. Es bueno que el hombre debajo del sol coma, beba y se alegre. Entonces, el gozo lo acompañará en su trabajo en los días de vida que Dios le da.

16 - Dediqué mi corazón a conocer sabiduría, y a ver la faena que se hace sobre la tierra, porque hay quien ni de noche ni de día ve el sueño.

17 - Entonces contemplé la obra de Dios, y vi que el hombre no puede comprender la obra que se hace debajo del sol. Por mucho que trabaje por descubrirla, no la entenderá. Aunque el sabio diga que la sabe, no por eso la podrá comprender.*