2 Cronicas 30 - Nueva Reina Valera 1990 (Adventista)

Libro de 2 Cronicas
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1 - Después Ezequías avisó a todo Israel y Judá, y escribió cartas a Efraín y Manasés, que viniesen a Jerusalén a la casa del Señor, a celebrar la Pascua en honor del Eterno, Dios de Israel.

2 - El rey y sus príncipes, y toda la congregación en Jerusalén, habían decidido celebrar la Pascua en el segundo mes.

3 - Porque entonces no la podían celebrar, por cuanto no había suficientes sacerdotes santificados, ni el pueblo se había reunido en Jerusalén.

4 - Esto agradó al rey y a toda la multitud.

5 - Y determinaron pasar pregón por todo Israel, desde Beerseba hasta Dan, para que viniesen a celebrar la Pascua en honor al Eterno, Dios de Israel, en Jerusalén. Eran muchos los que no la habían celebrado según está escrito.

6 - Así, a la orden del rey, los correos fueron por todo Israel y Judá, con cartas que del rey y sus príncipes decían: "Hijos de Israel, volveos al Eterno, el Dios de Abrahán, de Isaac e Israel, y él se volverá al remanente que ha quedado de la mano de los reyes de Asiria.

7 - "No seáis como vuestros padres y vuestros hermanos, que se rebelaron contra el Eterno, el Dios de sus padres, y él los entregó a desolación, como vosotros veis.

8 - "No endurezcáis vuestro corazón como vuestros padres. Someteos al Eterno, y venid a su Santuario, que él ha santificado para siempre. Servid al Eterno vuestro Dios, y el ardor de su enojo se apartará de vosotros.

9 - "Si os volvéis al Eterno, vuestros hermanos y vuestros hijos hallarán compasión ante sus cautivadores, y volverán a esta tierra. Porque el Eterno vuestro Dios es clemente y compasivo. No apartará de vosotros su rostro, si vosotros os volvéis a él"

10 - Pasaron los correos de ciudad en ciudad por la tierra de Efraín y Manasés, hasta Zabulón. Pero se reían y burlaban de ellos.

11 - Con todo, algunos hombres de Aser, Manasés y Zabulón se humillaron, y vinieron a Jerusalén.

12 - En Judá también la mano de Dios les dio un corazón unánime para aceptar el mensaje del rey y de los príncipes, conforme a la Palabra del Eterno.

13 - Y se reunió en Jerusalén mucha gente, una vasta reunión, para celebrar la fiesta solemne del pan sin levadura en el segundo mes.

14 - Quitaron los altares que había en Jerusalén, los altares de incienso, y los echaron en el torrente Cedrón.

15 - Entonces sacrificaron el cordero de la Pascua, a los catorce del segundo mes. Los sacerdotes y los levitas se santificaron con vergüenza, y trajeron los holocaustos a la casa del Eterno.

16 - Y tomaron su lugar en los turnos de costumbre, conforme a la Ley de Moisés, varón de Dios. Los sacerdotes esparcían la sangre que recibían de mano de los levitas.

17 - Como en la congregación muchos no estaban santificados, los levitas sacrificaban la Pascua para todos los que no se habían purificado, para santificarlos al Eterno.

18 - Porque una gran multitud de Efraín y Manasés, de Isacar y Zabulón, no se habían purificado, y comieron la Pascua en contra de lo que está escrito. Pero Ezequías oró por ellos, diciendo: "El Eterno es bueno, perdone a todo el que preparó su corazón para buscar a Dios,*

19 - "al Eterno, el Dios de sus padres, aunque no esté purificado según el rito del Santuario".

20 - Y el Señor oyó a Ezequías, y sanó al pueblo.

21 - Así los israelitas que se hallaron en Jerusalén celebraron con alegría durante siete días, la fiesta solemne del pan sin levadura. Y alabaron al Eterno todos los días, los levitas y los sacerdotes, cantando con instrumentos resonantes.

22 - Entonces Ezequías habló al corazón de los levitas por su buena disposición de servir al Eterno. Y durante siete días comieron de lo sacrificado en la fiesta solemne, ofrecieron sacrificios de paz, y dieron gracias al Dios de sus padres.

23 - Y toda aquella multitud determinó celebrar la fiesta otros siete días. Y la celebraron otros siete días con alegría.

24 - Porque Ezequías rey de Judá había dado a la multitud mil novillos y siete mil ovejas. Y los príncipes dieron al pueblo mil novillos y diez mil ovejas. Y muchos sacerdotes se santificaron.

25 - Se alegró, pues, toda la congregación de Judá, los sacerdotes y levitas, y toda la multitud que había venido de Israel, incluso los extranjeros que habían venido de Israel y Judá.

26 - Así hubo gran alegría en Jerusalén, porque desde los días de Salomón hijo de David, rey de Israel, no había habido nada semejante en Jerusalén.

27 - Después se levantaron los sacerdotes y levitas, y bendijeron al pueblo. Su voz fue oída y su oración llegó a la habitación de su Santuario, al cielo.*