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Diccionario Biblico: Hititas

(heb. jittîm, benê Jêth, "hijos de Het"; ac. hatti; ugar. hty ; egip. ht3).

Los heteos (o hititas, como se los conoce generalmente) son mencionados con
frecuencia en el AT, pero no se supo nada de ellos en fuentes seculares hasta
fines del s XIX d.C. La resurrección de su historia, cultura, religión y
lengua es uno de los éxitos de la arqueología moderna. Los eruditos del s XIX
comenzaron a notar que antiguos registros recientemente descifrados mencionaban
un país y una nación importantes hasta entonces desconocidos, identificados
como Kheta en las inscripciones egipcias y Hatti (a veces transliterado Khatti)
en los textos asirios. En 1884, 2 eruditos, A. H. Sayce y W. Wright,
publicaron sus opiniones de que ciertos jeroglíficos no descifrados en
esculturas e inscripciones en las rocas (que aparecían en muchas partes del
Asia Menor y el norte de Siria) pertenecían a este pueblo, y de que debían ser
los heteos de la Biblia. Descubrimientos posteriores demostraron la corrección
de esa teoría. Hugo Winckler, asiriólogo de Berlín, en excavaciones en
Boghazköy, en el Asia Menor central (1906-07 y 1911-12), encontró que en ese
lugar había estado la antigua capital de los hititas: Khattushash. También
descubrió los archivos reales de los reyes hititas que contenían más de 10.000
tabletas de arcilla escritas en cuneiforme babilónico. Algunos de estos
textos, escritos en acadio, pudieron ser leídos de inmediato; mientras que
otros estaban en una lengua desconocida. Cuando esta lengua fue descifrada por
B.

Hrozny en 1915, se supo que era hitita y pertenecía a la familia indoeuropeo de
lenguas. Excavaciones posteriores en Boghazköy, realizadas en forma
intermitente hasta nuestros días, han aumentado nuestro saber de los heteos o
hititas. Mayor conocimiento de este pueblo se agregó con la exploración de
otras ciudades hititas, en especial Carquemis, que en los textos asirios
posteriores es llamada la capital de los hititas. Se descubrieron y
descifraron textos en varios idiomas antiguos de Anatolia. Desde 1947 las
inscripciones jeroglíficas hititas que se mencionaron más arriba, enontradas en
diferentes rocas en el Asia Menor y que por mucho tiempo no habían podido ser
leídas, comenzaron a revelar sus secretos.

El desciframiento fue posibilitado por el hallazgo realizado en 1947 por H.
Th. Bossert de una inscripción bilingüe en Karatepe, Anatolia oriental, que
contenía textos paralelos en escritura fenicia y en jeroglíficos hititas. Mapa
III, B-3/4.

I. Origen étnico de los hititas.

El origen racial de los hititas es todavía un problema no resuelto. Los
relieves antiguos los muestran como gente baja, de nariz grande, frente
inclinada y labios gruesos. Generalmente se los muestra en los monumentos con
ropas pesadas y zapatos con puntas levantadas. Como el desciframiento de su
lengua ha mostrado que hablaban un idioma indoeuropeo, algunos eruditos
llegaron a la conclusión de que debieron haber pertenecido a la misma raza que
los griegos, los medos y otros pueblos de lenguas indoeuropeas, que en la
Biblia aparecen como descendientes de Jafet. Sin embargo, Gn. 10:15 incluye a
Het, antepasado de los hititas, entre los descendientes de Cara por medio de
Canaán. Los así llamados hititas que nos dejaron sus registros, se llamaban a
sí mismos Neshumli, y usaban el término Hattili para designar al pueblo que
desplazaron cuando entraron en la Apatolia en algún momento de comienzos del 2º
milenio a.C. A este pueblo reemplazado se lo llama hoy proto-hitita, y éstos
son los verdaderos descendientes de Het, hijo de Canaán. Estos proto-hititas
fueron absorbidos por los Neshumli y abandonaron su lengua para usar la de sus
invasores indoeuropeos, o hititas jaféticos, que ocuparon su territorio. Poco
se sabe de los hititas primitivos. Han sobrevivido algunos escasos textos
religiosos en su idioma, con traducciones hititas posteriores.

II. Historia de los hititas.

Los registros escritos más antiguos del territorio de los hititas 559 proviene
de los colonos asirios del s XIX a.C., que vivieron en diversas ciudades
anatolias como comerciante y tenían a Kanesh como su cuartel central (cerca de
la moderna Kültepe, inmediatamente al sur del río Halys). Por alguna razón
desconocida, estas colonias dejaron de existir después de un siglo. Luego
siguió un reino anatolio gobernado por Anitas, pero si era hitita o no resulta
incierto. El primer rey hitita de quien tenemos algún conocimiento cierto es
Labarnas, al cual los reyes hititas posteriores contemplaban como su antepasado
y cuyo nombre usaban como título. El reinado de Labarnas es de fines del s
XVII a.C., de acuerdo con la cronología más corta. Por ese tiempo, los hititas
estaban arraigados en el centro del Asia Menor, y tenían por capital la
montañosa Khattushash, ahora Boghazköy, en el arco que forma el río Halys. El
bisnieto de Labarna, Mursilis I, fue el primer rey hitita que invadió
Mesopotamia, haciéndose de un nombre en la historia. Conquistó Babilonia (c
1550 a.C.), puso fin a la 1ª dinastía babilónico y se llevó la estatua de oro
de Marduk. Durante el siglo siguiente, los hititas lucharon contra varias
tribus hostiles para conservar su posición en Anatolia. Al mismo tiempo surgió
una fiera lucha interna dentro de la familia real, que resultó en la muerte
violenta de varios reyes hititas. El 1er gran rey después de Mursilis I, y el
1er, constructor del imperio, fue Supiluliumas, que vivió en la 1ª mitad del s
XIV a.C. y fue contemporáneo de los faraones Amenhotep III y IV de Egipto.
Durante su reinado todo el Asia Menor oriental constituyó su territorio y el
poder hitita se extendió hacia el este, hasta la Alta Mesopotamia, y al sur
hasta Siria, tan lejos como Cades sobre el Orontes y el Líbano. Dos de los
hijos de Supiluliumas fueron designados reyes: uno de Carquemis y el otro de
Alepo. Durante este período el Imperio Hitita llegó al máximo de su poder y se
convirtió en un rival poderoso de Egipto. La magnitud del poder heteo queda
ilustrado por el hecho de que una reina egipcia -la viuda de Tutankamón- le
pidió a Supiluliumas que te enviara uno de sus hijos para ser su esposo y rey
de Egipto. Aunque este príncipe hitita nunca ocupó el trono del Nilo, pues fue
asesinado en viaje a este país, el intento de hacerlo rey es significativo.
Los hititas siguieron siendo poderosos por un tiempo después de la muerte de
Supiluliumas, pero era evidente que un choque entre los 2 poderes mundiales no
podía tardar. Este se produjo finalmente durante el reinado de Muwatalis, en
la famosa batalla de Cades sobre el Orontes contra Ramsés II de Egipto (c 1300
a.C.), que terminó sin vencedores ni vencidos. Los hititas retuvieron toda
Siria, y aun ganaron algo de territorio. Unos pocos años más tarde, Ramsés II
firmó un tratado de paz y amistad con los hititas bajo el reinado de Hatusilis
III (c 1283 a.C.), y se casó con una princesa de esa nación. Desde ese tiempo
en adelante, los hititas y los egipcio, vivieron en paz entre sí. Mapa III,
B/C-3/4.

262. Soldados hititas sobre una losa esculpida proveniente de Carquemis.

Sin embargo, los primeros pronto tuvieron que luchar con un nuevo poder que
invadía Anatolia desde el occidente: los Pueblos del Mar, entre quienes se
encontraban los filisteos. Bajo su avance, Khattushash y otras muchas ciudades
heteas fueron destruidas y el imperio se disgregó rápidamente y desapareció (c
1200 a.C.). Sin embargo, restos de los hititas se consolidaron en la Alta
Mesopotamia y el norte de Siria por otros 300 años en la forma de
ciudades-estados. La mejor conocida es Carquemis, sobre el Eufrates, donde se
encontraron muchos monumentos hititas de este último período. Otras
ciudades-estados fueron Karatepe sobre el río Ceyhan, y Hamat sobre el Orontes.
Estos estados finalmente se empeñaron en una lucha a muerte con los asirios y
fueron gradualmente aniquilados por su cruenta máquina de guerra en los ss IX y
VIII a.C.; a fines de éste, el último reducto del poder hitita había dejado de
existir. Incluso desapareció el recuerdo de ellos, como lo demuestra el que
nunca se los mencione en la literatura clásica. Sólo la Biblia perpetuó el 560
registro de esta nación perdida para la historia secular. Mapa III, B-4.

III. Cultura y religión de los hititas.

Los heteos eran un pueblo sufrido, montañés, que tenía valores éticos más
elevados que los de la mayoría de las naciones antiguas. Esto se nota
especialmente en sus leyes y códigos penales, que son los más humanos de todos
los que se conocen de ese período.

No eran artistas, y sus producciones en el campo de las artes se comparan
desfavorablemente con los de sus contemporáneos de Egipto y de Mesopotamia. Su
artesanía era mediocre; sin embargo, tenían sobre sus vecinos la ventaja de
poseer minas de hierro, que por un tiempo les dio el virtual monopolio en su
producción y el de las armas y herramientas de ese metal.

Su religión todavía no se conoce bien. Adoraban todo un panteón de dioses, la
mayoría de los cuales habían sido adoptados de los cultos locales o de naciones
extranjeras. El dios horeo del clima, Teshub, era uno de los principales
dioses hititas; también adoraban la forma horea de la lshtar babilónica, así
como al dios sol, además de muchas otras divinidades que, de acuerdo con los
conceptos de los antiguos, controlaban las diversas fuerzas de la naturaleza.
Algunas de las deidades posteriores de Anatolia, que aparecen en el NT,
tuvieron su origen en la religión hitita. Por ejemplo, Cibeles, la Magna
Mater, o la diosa madre, tenía como prototipo una diosa de nombre Kubaba, que
desempeñó un papel notable en la religión popular del Asia Menor durante muchos
siglos. La adoración consistía principalmente de ritos, en algunos casos
orgiásticos, y en sacrificios. La voluntad de los dioses se consultaba
mediante oráculos, y las decisiones se tomaban de acuerdo con las indicaciones
de la magia. Los muertos se cremaban, y los huesos remanentes se recogían y
depositaban en un edificio separado, donde se realizaban ritos por el bienestar
de los difuntos.

IV. Los hititas en la Biblia.

La palabra hitita(s) aparece con frecuencia en el AT bajo la forma "heteo(s)".
El Het de Gn. 10:15, hijo de Canaán y nieto de Cam (cf v 6), debió haber sido
el antepasado de los proto-hititas que se habían establecido en el Asia Menor y
fueron absorbidos por los hititas indoeuropeos cuando penetraron en Anatolia
desde el noreste. Algunos de esos proto-hititas habrían vivido en Palestina en
el tiempo de Abrahán (15:18-20; 23:3-20). Probablemente fue éste el pueblo al
que pertenecieron 2 esposas de Esaú (26:34), y los "heteos" en las listas de
naciones que habitaban en Canaán cuando los israelitas entraron en el país (Ex.
3:8; Dt. 7:1; 20:17; Jos. 3:10; 11:3; 24:11); aunque es posible que en tiempos
de la invasión israelita hubiera colonizadores de los hititas indoeuropeos en
Canaán. Los restos de los proto-hititas habrían estado también entre los que
se casaron con los israelitas en tiempos de los jueces (Jue. 3:5, 6).
Dirigiéndose a los habitantes de Jerusalén, Ezequiel les dice con tono
sarcástico, en relación con la población preisraelita de Jerusalén: "Tu padre
fue amorreo, y tu madre hetea" (Ez. 16:3, 45). Se conocen nombres amorreos de
reyes de Jerusalén por textos de execración* egipcios del s XIX a.C., pero el
rey de Jerusalén que escribió cartas al faraón egipcio en el período de Amarna
tenía un nombre hitita: Abdu-Khepa, "siervo de [la diosa hitita] Khepa", lo que
pareciera indicar que era hitita. Los heteos todavía formaban parte de la
población de Palestina en tiempos de David y de Salomón, como lo demuestran los
registros bíblicos. David tenía valientes soldados hititas en su ejército,
como Ahimelec (1 S. 26:6) y Urías, el esposo de Betsabé (2 S. 11:3-12:10). Los
hititas a quienes Salomón incorporó a sus campamentos de trabajos forzados (1
R. 9:20-22; 2 Cr. 8:7-9), probablemente fueron también descendientes de los
primeros heteos del período del imperio. Sin embargo, las esposas heteas de
Salomón fueron muy probablemente princesas de las ciudades-estados del norte de
Siria que florecieron en su tiempo (1 R. 11:1), y entre cuyos gobernantes
estuvieron evidentemente los "reyes de los heteos" con quienes Salomón tuvo un
activo comercio (10:29; 2 Cr. 1:17). También se mencionan los reyes de las
ciudades-estados hititas en 2 R. 7:6, donde el informe bíblico habla de un
ejército de sirios que tenía cercada a Samaria, pero que huyó en gran desorden
cuando les pareció oír que un ejército hitita se aproximaba a aliviar a los
israelitas.

Bib.: O. R. Gurney, The Hittites [Los hititas] (Penguin Books, 1952); S. Lloyd,
Early Anatolia [La Anatolia primitiva] (Penguin Books, 1956); H. A. Hoffner,
"The Hittites and Hurrians" [Los hititas y los horeos], en D. J. Wiseman, ed.,
Peoples of Old Testament Times [Pueblos de tiempos del Antiguo Testamento]
(Oxford, 1973), pp 197-228.


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