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Diccionario Biblico: Atenas

(gr. Athenai, "ciudad de Atenea [Minerva]").
La más ilustre de las ciudades de la antigua Grecia, y su capital actual. Recibió su
nombre de la diosa Atenea, la patrona de la ciudad. De acuerdo con la tradición, se
fundó en el s XVI a.C. Está ubicada a unos 6,5 km del mar, y un tiempo estuvo
conectada con el puerto, El Pireo, mediante largos muros. Mapa XX, B-3. Véanse las
figs 37,38,52,53.
52. La Acrópolis de Atenas.
Durante los primeros siglos de su historia, la ciudad fue gobernada por reyes. Cuando
éstos fueron depuestos, Atenas se convirtió en una oligarquía, el gobierno de la
aristocracia. Desde ese tiempo sus principales autoridades fueron arcontes
(magistrados). Dracón codificó las severas leyes de Atenas (c 621 a.C.), pero Solón,
el 2º gobernante y un sabio legislador, las humanizó (c 594 a.C.). Atenas fue una
democracia; es decir, la gobernaban sus ciudadanos (aunque éstos constituían una
minoría de la población total). Durante el s VI a.C., y en particular el s V a.C., la
ciudad fue el centro del arte y de la literatura griegos, fama que retuvo aun durante
épocas de insignificancia política. Su período más glorioso comenzó con las guerras
persas (s V a.C.), cuando condujo a los griegos en una serie de victorias sobre las
fuerzas imperiales persas. La primera victoria en Maratón (490 a.C.) sobre Darío I
demostró al mundo atónito que los ejércitos de las pequeñas ciudades-estados
griegas eran vastamente superiores a los enormes ejércitos del Imperio Persa. Diez
años más tarde, Jerjes, el sucesor de Darío, atacó Grecia. Ganó la batalla de las
Termópilas, y quemó Atenas, que había sido abandonada por sus habitantes, pero fue
derrotado en la batalla naval de Salamina (480 a.C.) y en Platea y Micale (479 a.C.).
53. Vista del ágora (plaza del mercado) y el templo de Hefaistos en Atenas, con las
columnas de la reconstruida Stoa de Atalo en primer termino.
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Más tarde Atenas fue la cabeza de la confederación griega, y bajo la hábil conducción
de Pericles tuvo su edad de oro. La ciudad se levantó de las cenizas más hermosa que
nunca antes. Sobre la Acrópolis, la abrupta colina central, se construyó el inmortal
Partenón, la perla de todos los templos clásicos; también el encantador Erecteum y
el magnífico Propileo. Después de ese período, Atenas enfrentó a Esparta en una
ruinosa lucha y perdió su supremacía ante Tebas. En el 338 a.C., Felipe de
Macedonia conquistó Atenas y Tebas en la batalla de Queronea. Desde entonces fue
un peón de Macedonia, de Alejandro y de los sucesores de Alejandro. En el 146 a.C.
los romanos organizaron Grecia como la provincia de Acaya.* Desde entonces, la
ciudad estuvo bajo el dominio de Roma, pero gozó de considerable independencia
local. Cuando Sulla la saqueó en el 86 a.C., experimentó sólo un corto período de
retroceso, pues los romanos la embellecieron generosamente con edificios. Por causa
de su fama como madre de la cultura occidental -que incluye el arte, la literatura, la
arquitectura y la filosofía-, permaneció como una ciudad ilustre en los tiempos
romanos, aunque no tuvo la importancia económica ni política de Corinto, la capital
de la provincia. Fue especialmente famosa como asiento del saber, y su universidad
era considerada como la mejor del mundo. Todas las principales escuelas filosóficas -
platónica, estoica,* epicúrea* y peripatética- se desarrollaron en Atenas.
El apóstol Pablo la visitó en su 2º viaje misionero (Hch. 17:15-34), probablemente en
el 51 d.C. Al tratar con la gente y hablarles en el ágora, encontró que los atenienses
eran investigadores y religiosos (vs 21, 22). Esto último resultaba evidente, porque
había más de 3.000 estatuas -probablemente la mayoría de las cuales eran objeto de
adoración-, y también numerosos templos y altares. Entre éstos había uno dedicado
"al Dios no conocido" (v 23). Hasta ahora no se ha hallado ningún altar con esa
dedicatoria en las excavaciones hechas en Atenas, pero uno que se descubrió en
Pérgamo lleva la inscripción dañada: "A los dioses desco[nocidos]". Tales altares
también fueron mencionados por escritores antiguos (como Pausanias), quienes
dijeron que se los había construido para evitar calamidades públicas que no se
pudieran atribuir a dioses conocidos. Es posible que el altar que Pablo vio
perteneciera a un culto mistérico. Véase Misterios.
En Atenas también había una comunidad judía que tenía una sinagoga en la que
Pablo predicó, de acuerdo con su costumbre de comenzar su trabajo por los judíos en
una ciudad nueva (v 17). Su conversación con los atenienses en el ágora abrió el
camino para su discurso del Areópago* (vs 22-31). Aunque su éxito inmediato no fue
grande, en Atenas dejó un grupo de cristianos, entre quienes había un alto
funcionario y una mujer de gran reputación (vs 32-34). Puede haber muy pocas
dudas de que Pablo volvió a visitar Atenas durante su 3er viaje misionero (20:2, 3),
aunque el hecho no está registrado específicamente por Lucas.
Bib.: A. Deissmann, St. Paul [San Pablo] (Londres, 1912), pp 261-266; Pausanias,
Descriptio Graeciae [Descripción de Grecia] I.1.4; O. Broneer, "Athens" [Atenas], BA
21 (1958):1-28.


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